Abril en su constante necesidad de desahogo y su incapacidad social de hablar con la gente. Por eso Abril escribe, por pasión a la vida; porque la eternidad de las letras: su infinidad. Abril es poesía, Abril es letras, Abril es alma.
domingo, 15 de abril de 2012
Indicios de una noche
jueves, 5 de abril de 2012
Se busca remitente.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Fue un encuentro breve, silencioso.
Se miraron a los ojos por primera vez
entre lo ajeno de la luminosidad,
las manos, entre albas, ya sabían el camino.
Era poco el tiempo, largo el descuido;
En contraria dirección, la cutánea necesidad
dirigía entre el cinto y el cuello
el recuento de los días, con frenético anhelo.
Tras silencio rencoroso, el súbito desapego
con el humor testarudo de filtrar las fibras;
entre las piernas no hubo permiso, que sin aviso
marchasen de la vereda a direcciones contrarias.
El adiós, con el viento de verdugo,
contra el afiance de la tela obstinada
fue acaeciendo del aroma impregnada
entre la noche, un recuerdo vago.
Un libro, un momento, tu voz.
No queda nada, ante la renuncia de caricias;
entre el silencio, se entiende la denuncia
del lejano eco del calor.
jueves, 14 de julio de 2011
Días en vela...
Son pocas las cartas que encontré debajo de la almohada, todas las demás se han ido por innumerables fallas técnicas (desde la fragilidad del papel, hasta la memoria de corto plazo de mi computadora) a un abismo de posibilidades.
lunes, 9 de mayo de 2011
L'amore in acqua
miércoles, 27 de abril de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
Quiahuitl
jueves, 25 de noviembre de 2010
Inmóviles
jueves, 21 de octubre de 2010
Amantes
Permanecieron quietas, la una viendo a la otra, sin pálabra alguna. Eran palabras de amor pronunciadas por aquellos que callan. Era esa descarga eléctrica entre ambas la que la hizo suspirar.
domingo, 10 de octubre de 2010
¿Quién en realidad es libre? Estando atado a ciudades y destinos, amores y desamores. ¿Cuántos de nosotros habremos querido decir adiós sin mantener un lindo lazo a la distancia? Un fuego que eventualmente renacerá entre las brasas. Quemando promesas, sin querer fallar, sin poder huir. Esperando decepciones, desertores de proyectos.
He decidido la mitad de mi vida a base de sueños, ajenos la mayor parte del tiempo. Habiendo comprado mi libertad en una ciudad lejana, una inversión bastante verosímil a los ojos del extraño, pero bastante ficticia cuando la tengo de frente.
He creído abandonar mis ataduras forjadas en años, vendiéndome la idea de que no pertenezco; quizás ya no lo haga. Sin embargo regreso gustosa a esa ausencia de libertad, a este rompecabezas en el cual ya no encajo. Ya no encajo, pero busco y busco la manera de hacerlo, algunos lo llaman sentido de pertenencia, yo temo llamarlo hogar.
Lamentablemente aquel pasado del que huyo, me acoje en brazos cálidos de sus días, de sus calles atestadas de los mismos pasos, de rutinas y caras familiares. Hay veces que me recibe con un cálido aire de bienvenida, otras veces que ni siquiera se percata de mi larga ausencia.
Este lugar, frío, áspero, sin memoria. Al que a veces llamo hogar, al que a veces entierro en el olvido. Afirmo y me repito mil veces que me ha estado sofocando esa libertad que por tanto tiempo ansiosa añoraba. Temo afirmar, que al regresar a mi hogar, es la única manera de sentirme libre.
Con mi gente, a veces distante, pero mía. Con sus colores, opacos en ocasiones, pero presentes. Con su clima, a veces gélido, pero hogareño. Con su soledad, a veces tímida, pero recomfortante.
Sí, aqui y allá, siempre perteneciendo a donde mis pies van. Dejando un poco de mi, en corazones que quieran acogerme, memorias que quieran recordarme y manos que quieran conservarme.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Confesiones en carretrera.
Tenías esa mirada, la de siempre, la que extraño, brillante, de añoranza, de posible amor. Es una lástima que no me estuveises viendo a mí. Tenías esa sonrirsa, incrustada en sus palabras, repleta de "quizás", roja de emoción.
Yo, como expectador de tu nuevo amor. Con el corazón destrozado, confundido, perplejo; lo veo a él, sabiendo que te dará lo que yo no pude, envidiandolo, careciendo de simpatía por él, a pesar de saber que puede ser el que te haga feliz.
Tanto él como yo escuchamos tu silencio. Puede que él piense que estás indecisa, que no lo aceptarás, que tienes tus dudas, que no lo quieres, pero no te conoce como yo. Yo supe que esa mirada no es de todos los días, a leguas se notaba la conmoción que te causan sus palabras, sus manos, sus caricias. Yo sé que puede que estés indecisa, pero es más por miedo que por déficit de cariño. Demasiado bueno para ser verdad. ¿Quién te garantiza que no será como todos (incluyéndome) que te hirieron con desencanto, inestabilidad y frustración? Tienes miedo de caer de nuevo en el encanto del que estás apenas saliendo.
No lo sé, pero ayer bajo la lluvia, fue muy convincente. Creo que su tartamudeo, su delicadeza y sus antenciones contigo fueron suficientemente sinceras y a pesar de que me torture el hecho de no saberte mía, creo que eso es lo que buscas. Tu felicidad se puede ver reflejada en él, calla esos instintos que te dicen que te detengas; escucha a tu corazón latir cuando lo ves.
Seguimos el trayecto sin decir una palabra los tres. Tu madre repetía persistentemente palabras que me dolerían demasiado, él intentaba llamar tu atención, por mi cabeza cruzaban infinidad de episodios, ¿y tú? No lo sé, no podía verte a los ojos. Probablemente te preguntabas qué tanto me decía tu mamá, quizás pensabas en él y en su futuro, quizás pensabas en mí y en nuestro pasado.
Lluvia incesable golpeando los vidrios del auto, luces de una ciudad ajena, canción llena de memorias en la radio: Confesiones en carretrera.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Amor lejano
Quedarnos en silencio abrazados, escuchando tu respiración en mi cabello y las ansias de tu boca por encontrar la mía.
No quiere decir que todo este esfuerzo por sacarte de mi vida haya sido en vano,
es simplemente la sensación de añoranza que viene en nuestro kit de naturaleza humana.
Te pienso a diario, te pienso bien y te pienso mal, te extraño y te repudio.
Me eres indiferente y me eres todo, sea lo que sea, eventualmente y sin mi consentimiento, estás presente.
Tengo de mi lado la distancia, dos cuidades que han ido enajenandose cada vez más en sí mismas, pueden ser kilómetros y horas si quiero, pueden ser tan sólo minutos si quisieras.
Si pudiera verte de nuevo, tan sólo lo haría para guardar una última imagen tuya, una poco merecedora de mí y así estar tranquila con mi abandono. Te dejo un par de años míos y fragmentos de esta perecedera memoria, para que los atesores o los envicies como quieras. Son tuyos.
En unos años, cuando tus pasos de nuevo coincidan con los míos, tú tendrás aún presente esa astilla que dejé en ti inconclusa. Sin embargo, esta piel mía, alguna vez rociada con los perfumes de tu amor, habrá disipado por nuevos aires ese aroma y de ti sólo quedara la vaga idea de lo que fuiste, lo que nunca llegaste a ser.
martes, 21 de septiembre de 2010
Abriendo el grifo del corazón
En palabras se me ha ido la vida y tú no has hecho mas que ensordecer ante ellas,
me has dicho infinidad de ocasiones, sucesos nuevos de tu vida que no necesito saber.
Que no quiero.
La distancia nos ha jugado un juego de indesición, me has extrañado y te has hartado de mi en la misma semana. Yo siempre te extraño.
En miradas tímidas has hablado con palabras del pasado, he caído en tus besos en ocasiones recientes y me he dejado llevar por arrebatos de mi inverosímil locura. Y tu dejas de quererme las semanas siguientes, dejas de buscarme y abrazarme, varada en la trancisión incompelta de tu ausencia.
Me dejas sola, me compañas siempre. Me hablas de tus amores, me acaricias con el tuyo. Me quitas la respiración y me dejas esperando. Había logrado comprender el sabor de tus palabras, sin embargo estas semanas me has hecho creer que es mentira. Sin embargo, me ha sido imposible descifrar, cuándo me amas de evrdad y cuándo lo haces por inercia. Movimiento que parece antecedido por tu historial conmigo.
Torbellino de ideas que acompañadas por tu imagen preceden a la sonrisa inerperada de la noche; así mismo la lágrima que vierte sobre la luna el espejo de tu imagen. Palabras derrochantes de sentimiento que han de liberarme de la congestión que tengo de ti.
jueves, 16 de septiembre de 2010
"Míranos aquí diciendo adiós"
Se me hace difícil aceptar ésto como una crítica negativa. Nunca he considerado necesario cortar de mi vida a nadie, siempre he pensado que me hace más daño a mí tener ese tipo de sentimientos negativos.
Tú, me has hecho cambiar de opinión. Pero no te des tanta importancia, no ha sido una sorpresa encontrarme con esa persona que me negaba a creer que eras. Todos me lo advirtieron y no escuché, fielmente esperaba que fuera una máscara, pero que conmigo eras real, sincero. Quizás tus ojos aprendieron a mentir muy bien o nunca los vi sinceros.
Yo no tengo nada contra ella, no, en realidad le deseo suerte contigo y que aprenda a conocerte y comprenderte como yo nunca lo logré; por que sólo puedes abrirte con alguien. Nunca supe a que tanto le tenías miedo, histeria y alucine.
Un hecho es, que el que no me hables, sólo demustra que lo que hiciste estuvo mal y tú lo sabes, lo sabes mejor que nadie y temes que te haga ver tu error. De mí no escucharás un reclamo, una súplica, ni un regaño; simplemente no escucharás nada. y cuando extrañes el sonido de mi voz, sólo recuerda que me dejaste ir y ten por seguro que esta vez no voy a regresar.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Hoy te extrañe más que siempre.
No debería de estar escribiendo esto, no te lo mereces, yo sé que si te sigo buscando, no podremos seguir con nuestras vidas, esta nueva experiencia que es la universidad. Pero hoy te extrañé, mucho y más que siempre, te quería tener cerca, verte de frente y decirte lo que nunca me atreví. No te voy a decir que te necesito, pues me ha ido bastante bien con eso de las tres comidas al día, pero me he sentido mal, vacía, sin ti.
Te busco y no te encuentro en las páginas de mis días, en los versos de mis sueños. Te busco y no te encuentro, me siento fría. Me habías dado ese calor del que siempre carecía.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Lejos
No estás aqui, y aquí te encuentro.
Los silencios te mencionan
y en palabras no te siento.
Presente, hoy tú estás,
en mis lágrimas y sosiegos.
Ciega de tus ojos,
sorda de tus versos.
Te encuentro aquí
y tu te encuentras lejos.
martes, 31 de agosto de 2010
Sigues inconclusa aquí dentro
Hubo tantos cabos sin atar, un capítulo inconcluso que juraría que el tiempo haría el tabajo de escribir la línea final, pero no lo hizo. Sigo esperando el día en que todas esas palabras tengan coherencia, que me mires a los ojos y pongas final al cuento que vivimos, en el cual seguimos atrapadas.
No sabría decirte si fue falta de amor, de paciencia, de consuelo, por la cual me engañaste. ¿Fue un engaño? No estoy segura de saber cúales de tus palabras eran verdad o eran costumbre; si a la fecha no te creo, perdóname, pero me has acostumbrado a tus mentiras.
¿Por qué fue, Si no por desamor, desesperación o desengaño? Si tus ojos me suplicaban confianza y miraban por otro camino, y tu aliento, ese aliento que plantaba las semillas de la eternidad, sobre mi aire y mis latidos, dejo de soplar cuando otros labios le miraron.
Nunca lo supe, hoy en día me he quedado varada en la inmensidad de posibilidades, todas estas teorías refutadas por tu silencio, tu indiferencia. ¿Qué acaso a ti te dejó de importar? Quizás nunca le diste la magnitud que yo le sigo dando. Esta incertidumbre de realidades, de hechos; me ha tenido pensativa esta última semana, siempre.
Si te pído un día, tan solo 24 horas para escuchar tu versión; ¿Me la contarías? Estaría encantada de leerte, descubrirte, desnudarte, y que tus labios no me den explicaciones, mas que tu alma mire en silencio y surja la verdad.
No pretendo regresiones, epifanías, recuerdos, ni sincretísmos; ese amor quedó desvanecido en las heridas. Pero exijo claridad, me temo que eres la única que puede concederme esa lucidez.
Dime que cruzaba por tu mente esos años, estos meses labrados en mi memoria, quizas puedas pulir mi recuerdo de ti, de nosotras. Así te pido que me concedas tus palabras, no para juzgar, si no para entender; y que después de 2 años y cuatro meses logre concebir tus ideas, tocarlas, sentirlas, sentirte, sentirme en ti. Dame el privilegio de terminar nuestra historia y que la linea final nos llene, a amabas, de alivio para respirar la vida de nuevo.
jueves, 26 de agosto de 2010
Quítame el impulso de ti
que suelen no responder
cuando les pido que se detengan.
Quizás si quiero tocarte,
no lo sé; déjame con la duda,
déjame sola. Que tus ojos,
no toque siquiera un instante
el reflejo de este deseo.
Mis fantasías contigo, me alimentan
lo suficiente como para tenerte
lejos, muy lejos de estas manos.
Que los ocasionales roces,
no sean ni eso, suficiente tengo
en casa. No hay que complicar las cosas
aquí, la nueva ciudad.
Tuya, mía, de todos.
Haz que tu cuerpo, el mismo polo,
repela al mío, así no caer en este vicio
llamado esperanza.
domingo, 25 de julio de 2010
Once again you found out the way to break my heart...
Sí, esa noche pense que sería diferente a todas las pasadas, sentía que la amistad había alcanzado cierta cúspide y que en su defecto no nos dejaríamos llevar por actos simples basados en lujuria.
La noche transcurrió y tomé responsabilidad de cinco personas cuyas vidas son tan importantes como la vida propia. Entre todas, ella perdida y confundida respecto hacia donde iba y de donde ha venido, comenzó a retomar un tema olvidado por mí hacía bastantes meses; fue obvia mi reacción en evitar el tema y decir que todo había sido perdonado a su debido tiempo, y así había sido.
Insistió en tocar el tema, pero las palabras ya no eran necesarias; comencé a notar las señales que siempre me daban pauta para intenciones secundarias y como siempre culpé a mi excesiva imaginación de malinterpretarlas.
Era ya pasada la media noche y decidimos que teníamos que dormir antes de que el amanecer nos alcanzara. Ella tan sólo dejaba que yo le asistiera en cosas que despues de cierto número de copas nos perecen un poco díficiles de realizar, pero algo en mí sabía que sus manos no estaban en los lugares comunes; de neuvo, lo ignoré.
Fue hasta que recostadas en una noche fría y casa ajena, su necesidad de calor humano la llevó a tardíamente caer en la rutina de estar en esa misma situación. Mis manos en un comienzo dudaron, se resistían a caer de nuevo en un vicio que años atrás pareció insuperable; pero al final, cedí. Caí en la tentación que parecía tan olvidada, pero el cuerpo es debil, algunos dicen. Así unos cuantos momentos más de calor entre ambas, hasta notar que sus intenciones eran las mismas que las veces pasadas, pura satisfacción física.
De inmediato me vino a la mente el nombre de la mujer que decía amar, y salí corriendo de esa realidad. No podía dejar de pensar en lo que había hecho, ni en la confianza que había traicionado; día atrás había cuestionado la confianza ciega que mi nuevo amor me tenía, supongo que tenía razones para dudar de mí.
No logré escuchar a las 4 de la madrugada todas las disculpas ni excusas que ella me decía, no podía dejar de pensar en cómo le diría a la mujer de mis sueños que de nuevo le había roto el corazón o por lo menos pronto lo haría.
No podía comprender de que me había perdido, pues hasta lo último que registré tan sólo eramos amigas, y ya nunca debía pasar lo que esa noche pasó. Me sentí traicionada, pero era algo que no podía expresar; ella necesitaba mi amistad, y fue tan sólo un segundo de arrebato, después me controlé.
Durante el amanecer no pude conciliar el sueño, eran demasiadas cosas por asimilar. Sólo me quedaba pretender que nunca pasó con una, y asumir mi responsabilidad con la otra; sabía que mi amor era tan grande que no pretendía ocultarle así, sólo le dejaría la oportunidad de perdonarme, de nuevo.
Sin embargo, la que quedó exonerada de mis actos, sigue ahí como si nada hubiese pasado, habiéndome roto el corazón una vez más antes de partir.
sábado, 17 de julio de 2010
Para bien o para mal, por siempre!
Llegando a mi destino comencé a recapacitar sobre mi inconciencia y por momentos la duda me arrastraba a querer regresar, pero era demasiado tarde. Cuando una camioneta oscura se acercó a mí y en su interior vi a una persona conocida, el miedo pareció desvanecerse,-Ya estoy aqui- pensé y sabía que a esas alturas arrepentirme no iba a servir de nada.
Debo admitir que la primera noche fue difícil, era una situación fuera de mi zona de seguridad que me llevaba a relacionarme con personas adultas desconocidas o que con anterioridad me habían guardado algún tipo de rencor por situaciones mal entendidas. Las manos me sudaban, y sentía que la ansiedad subia por mi pecho cada vez que respiraba esos aires para mí desconocidos. Después de unos momentos de conocer el centro de la pintoresca ciudad, que me recordaba al pueblo de mi padre, llegamos a la casa en donde permanecería las siguientes 3 noches.
La cabeza aún me parecía flotar en un cierto desconcierto de lo surreal en la situación, fue hasta que ella, la que mucho tiempo adoré, detesté, reproché, me le entregué, le discutí y confundí de muchas maneras, portaba un regalo que yo le había obsequiado tiempo atrás. Fue reconfortante saber que lo utilizaría frente de mí sin que se le cruzara por la cabeza que yo lo malinterpretaría; no, ya nunca de esa manera, sencillamente me llenó de satisfacción que fuera de su agrado.
De ese instante en adelante supe que no había por que tener miedo, personas a las que tanto tiempo les había tenido miedo me habían abierto las puertas de su casa y hacía meses atrás que se habían dado la oportunidad de conocerme. Tenia la confianza en mí misma para saber que era sufucientemente buena persona como para convencerlos de aquello, y mucho más importante convencerlos que que su hija también era mi adoración.
Basta decir que pasamos buenos momentos junto al acogedor arrebato del fuego que subía por el ladrillo rojo de la chimenea. Riendo y escuchando anécdotas inverosímiles de nuestras vidas. Así fueron tres de los cuatro días que sencillamente disfrute en el campo con la luz de las luciernagas impregnadas en los ojos y las noches estrelladas latiendo entre mis sueños.
Era difícil pensar que ella no se acordase de mí con un cielo tan estrellado, pero la idea sólo me pasó una vez por la cabeza, despues descubrí que ya no tenía importancia.
No podía pedir más, estaba vivendo lo que con muchas ansias había esperado hace meses, la aprobación de las únicas dos personas de las que me importaba su opinión.
Hace unas cuantas horas, antes de partir de regreso a mi realidad, con mi futuro en incertidumbre a la vuelta de la esquina, aquella aprobación tan esperada fue expresada en palabras; sin embargo al escucharlo, me quede sin ellas, pues fue tal la conmoción que lo único que pude hacer fue sonreír.
Al cabo de un rato partí a la que podría llamarse mi tierra y en el asiento trasero del taxi al que me subí, comencé a observar mi reflejo en el espejo retrovisor y noté que las lágrimas comenzaban a correr por mi rostró.
Era tal mi alegría que no podía contenerme y las palabras prometedoras de una amistad duradera me conmocionaron al punto de no poder más.
En ese instante comprendí, por que ella y yo habíamos atravesado incontables momentos, buenos, malos, terribles e increíbles, por que a pesar de lo duro que ha sido superarlos, juntas lo hemos hecho y cada prueba que se le ha puesto a la hermandad que hoy compartimos ha sido exitosamente aprendida y comprendida.
Si algo he apendido en esta última semana es que el rencor es un juicio mal elaborado. No voy a negar que yo también tenía cierto tipo de rencor a esa familia por haberme juzgado mal en un principio, pero hoy he descubierto nuevas facetas de sus vidas, que me llevan a entender las decisiones que hicieron respecto a mí a su debido tiempo. Lo importante ahora, es que su hija, mi adoración de muchos años atrás, se ha convertido en mi hermana y tengo la seguridad de que así seguirá siendo hasta la eternidad; por todo ese tiempo les estaré agradecida por haberla creado y por haberme dejado entrar en sus vidas.
Al final de todo, la eternidad si estuvo hecha para nosotras, simplemente no de la misma forma que habíamos previsto.