Descendientes de cielos áridos, grises. Quietas palmeras condecendientes al silencio de las ramas rozando con el aire. Un viaje en carretera de colinas y cableados de luz; cálido el viento sobre el ventanal del automóvil advertiente de paz y rayos de luz acompañados de compases con el viento.
Naturalmente atravesamos colosales pastizales de soledad por caminos de la misma índole; nos cruzabamos con cuerpos marinos diminutos que bastaba con tan sólo atravesar un puente para perderlos de vista. Todo el trayecto vimos del cielo caer, a diferencia del agua, de una manera sutil y oscilatoria lluvia de cenizas, alrededor de los árboles y el negro asfalto.
Mi padre, cómo siempre, comenzó a contarme la historia del lugar; mencionó que cañaverales rodeaban la zona y que de ahí surgían las cenizas, pero no le creí.
Logré comprender lo que esta lluvia de carbón significaba, un montón de sueños destrozados que se escapan de las manos. Por que cuando uno más lo anhela, ese sueño es arrebatado por azares de la vida y jamás lo vuelve a encontrar. Son esos sueños, que ofuscados por los días llegan sólo restos a lugares tan desolados como Ticumán.
Abril en su constante necesidad de desahogo y su incapacidad social de hablar con la gente. Por eso Abril escribe, por pasión a la vida; porque la eternidad de las letras: su infinidad. Abril es poesía, Abril es letras, Abril es alma.
jueves, 25 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
Con aires de Revolución
Eran las 6 de la mañana cuando tomamos el transporte colectivo hacia la capital. Llevaba puesta una playera con mi ídolo favorito en la parte frontal y un morral con la bandera bordada de un país liberado. Voy contemplando por el vidrio, las carreteras de mi ciudad, contemplando el sol madrugador que retumba en las colinas verdes de mi México. Al llegar a la ciudad, se sienten aires completamente diferentes, aires a gritos de súplica que son ignorados día con día.
Hemos llegado más temprano de la cita en el centro de la ciudad, y hemos decidido pasar a desayunar en un café bastante acogedor adyacente al lugar. Mi padre y mi abuela piden lo mismo, mientras que yo me conformo con un jugo de naranja, un pan ligeramente tostado inmerso en mantequilla y una alta dosis de café.
Observo a mi alrededor y me percato del tipo de gente que va entrando al café en donde mi abuela, mi papá y yo nos encontramos platicando sobre cine mexicano. Toda la multitud busca una respuesta, una esperanza de que el día de hoy tenga un nuevo significado en la historia de este país abandonado.
Llega la hora y caminamos por la avenida con el nombre del héroe del que hoy celebramos nacimiento. El color de mi país se va notando mientras más recorro estas calles, y el ambiente se va sintiendo con las fotos del Ché y de Zapata que tapizan en piso, o las banderas de liberación que se ondean por los aires y la música huasteca que habla de la siguiente revolución.
Mientras escucho las palabras quebradas de un pueblo enfurecido, de tanta injusticia, inseguridad, promesas rotas, esperanza muerta; puedo contemplar que las jacarandas encima de mí aún tienen sus ramas frondosas de ese follaje lila que tanto se aprecia en días soleados y que cuando caen tapizan las calles de un aroma tremendamente intenso y delicioso.
Quizas fue la mezcla de inconformidad, movilización, frustración y esas jacarandas, fue lo que me dio un poco de fe en que podría salvar a mi país. Con mi voz, ya se escuchaba con la ayuda de los demás que querían decir lo mismo, pero con miedo como yo a no ser escuchados.
Al fin encontré lo que vine a hacer, y que mi nacionalismo exacervado tenga un motivo y una destinación, junto a la lucha y la revolución.
De regreso a casa noté el anaranjado sol sobre las colinas, sabiendo que un día regresaría para quedarme.
Hemos llegado más temprano de la cita en el centro de la ciudad, y hemos decidido pasar a desayunar en un café bastante acogedor adyacente al lugar. Mi padre y mi abuela piden lo mismo, mientras que yo me conformo con un jugo de naranja, un pan ligeramente tostado inmerso en mantequilla y una alta dosis de café.
Observo a mi alrededor y me percato del tipo de gente que va entrando al café en donde mi abuela, mi papá y yo nos encontramos platicando sobre cine mexicano. Toda la multitud busca una respuesta, una esperanza de que el día de hoy tenga un nuevo significado en la historia de este país abandonado.
Llega la hora y caminamos por la avenida con el nombre del héroe del que hoy celebramos nacimiento. El color de mi país se va notando mientras más recorro estas calles, y el ambiente se va sintiendo con las fotos del Ché y de Zapata que tapizan en piso, o las banderas de liberación que se ondean por los aires y la música huasteca que habla de la siguiente revolución.
Mientras escucho las palabras quebradas de un pueblo enfurecido, de tanta injusticia, inseguridad, promesas rotas, esperanza muerta; puedo contemplar que las jacarandas encima de mí aún tienen sus ramas frondosas de ese follaje lila que tanto se aprecia en días soleados y que cuando caen tapizan las calles de un aroma tremendamente intenso y delicioso.
Quizas fue la mezcla de inconformidad, movilización, frustración y esas jacarandas, fue lo que me dio un poco de fe en que podría salvar a mi país. Con mi voz, ya se escuchaba con la ayuda de los demás que querían decir lo mismo, pero con miedo como yo a no ser escuchados.
Al fin encontré lo que vine a hacer, y que mi nacionalismo exacervado tenga un motivo y una destinación, junto a la lucha y la revolución.
De regreso a casa noté el anaranjado sol sobre las colinas, sabiendo que un día regresaría para quedarme.
jueves, 11 de marzo de 2010
Secreto a voces
Quién te ha dicho que me quiero ir de aqui?
Me tengo que ir, tengo que partir con tan sólo un morral lleno de memorias y pies cansados por el mundo, esas canciones vacías tan solo quedarán en los labios de un mudo, saboreando el sabor de sus dolores con ganas de sentir una felicidad siempre inconcebible, siempre tan inalcanzable por azares del destino.
No sé si regresaré, aunque extrañe el sabor de mi tierra y sus colores; aunque el camino me pida a gritos que de la vuelta, pensaré en ensordecer hasta no escuchar más sus súplicas. No tendré motivo ni razón para volver si tú no estás, por eso vete, que si regreso no pretendo encontrarte jamás.
Tengo un secreto, el secreto de una vacía vida sin ti, pero no me pesa; mas bien me libera, no tener que guardar ese secreto nunca más pue algún día esta historia llegará a tus manos; y yo ya a kilómetros de distancia, es ahi cuando no podrás preguntar ¿por qué?
Hoy me voy sin un adiós, pues eso me carrompería hasta quedarme hasta tu lado, hoy huyo como un ladrón de tus besos, pues he asaltado más de lo que me gustaría conservar; recuerdos.
Este día tengo uno de esos secretos que le pido al viento protega y sin embargo los lleva a tus manos, esos que inevitablemente se descubren.
Me tengo que ir, tengo que partir con tan sólo un morral lleno de memorias y pies cansados por el mundo, esas canciones vacías tan solo quedarán en los labios de un mudo, saboreando el sabor de sus dolores con ganas de sentir una felicidad siempre inconcebible, siempre tan inalcanzable por azares del destino.
No sé si regresaré, aunque extrañe el sabor de mi tierra y sus colores; aunque el camino me pida a gritos que de la vuelta, pensaré en ensordecer hasta no escuchar más sus súplicas. No tendré motivo ni razón para volver si tú no estás, por eso vete, que si regreso no pretendo encontrarte jamás.
Tengo un secreto, el secreto de una vacía vida sin ti, pero no me pesa; mas bien me libera, no tener que guardar ese secreto nunca más pue algún día esta historia llegará a tus manos; y yo ya a kilómetros de distancia, es ahi cuando no podrás preguntar ¿por qué?
Hoy me voy sin un adiós, pues eso me carrompería hasta quedarme hasta tu lado, hoy huyo como un ladrón de tus besos, pues he asaltado más de lo que me gustaría conservar; recuerdos.
Este día tengo uno de esos secretos que le pido al viento protega y sin embargo los lleva a tus manos, esos que inevitablemente se descubren.
domingo, 21 de febrero de 2010
???
¿Qué hacer cuando la corriente de mis versos van contra la marea?
Si las palabras se hunden en un intento por llegar a tus costas,
para decir lo inexpresable, la mitad de mis líneas se vencen en la inmensidad
te he prometido la eternidad en un silencio irrecuperable al fondo del mar.
Si las palabras se hunden en un intento por llegar a tus costas,
para decir lo inexpresable, la mitad de mis líneas se vencen en la inmensidad
te he prometido la eternidad en un silencio irrecuperable al fondo del mar.
viernes, 5 de febrero de 2010
Goodnight Boston, goodbye.
Era el último día en la ciudad; lugares nuevos que desconocían mis pies. No podía creer que el tiempo pasara tan repentino. Cansada de la compañía, salí de la habitación con tan solo un cigarro a la mano, ni siquiera reparé el en hecho de que mi vestimenta era compeltamente inapropiada para el clima que me esperaba fuera de las puertas del hotel.
Caminé hasta la zona de fumadores con un viento penetrante sobre el cuerpo, no recuerdo haber sentido frío más allá de unos cuantos minutos. Me senté, solitaria, en una banca a encender el tabaco, observando a la gente ir y venir; todos despidiendose, promesas quizas vacías de reencontrarse alguna vez. Abrazos que durarán impregnados en la memoria toda una vida, adioses infinitos y sonrisas inquebrantables.
Con la melodía de fondo, percaté mi reflejo en los mosaicos frente a mi; intenté entrar en su mente, por sus ojos. Fue tan complejo descifrar esa mirada perdida, tan acongojada de una vida muy vivida, de un alma cansada en cuerpo jóven y fresco. Fue difícil entender el nerviosismo en los dedos, la calumnia en una sonrisa, movimientos ajenos al cuerpo que yo creía poseer. Instantes después percaté que mi cigarro se había consumido por el tiempo; todo pareció recobrar la cordura.
Me puse de pie para notar que la vida seguía ahi, gente yendo y viniendo, yo me percaté más tranquila después de haber concluido con el vicio, la imagen de mi parecía menos ajena. Retomé la realidad olvidada y comencé a sentir frío, decidí que era tiempo de regresar al hotel, entrar a mi habitación y comenzar a empacar.
martes, 12 de enero de 2010
Anochece soledad
Me preguntabas que qué era lo que yo quería, no supe decirtelo con certeza pues en ese instante no tenía una idea; fue tan sólo anoche que interioricé entre las entrañas de un placer ajeno y lúgubre que aún no consigo.
No, no quiero esto que me ofreces, una soledad que carece de garantía. Cualquier instante invadido por ella y al siguiente se va, y tu regresas; no puedo simplemente manejar tal inestabilidad invisible que me acongoja siempre que mantengo la esperanza de que esta vez sí te quedarás. Prefiero acostumbrarme al lugar vacio que antes ocupabas.
Me has atado a tu paternidad recientemente inestable, abandonada, y un poco irreal; tus ámbitos fueron cambiando de rumbo y perdiste las palabras para mí, para él. Hablo, ahora que puedo, por mí cuando te miro con estos ojos que no quieren quedarse un instante más.
Tendrás miedo de que encuentre una libertad recomfortante lejos de ti y de esta retorcida situación, quizas lo haga; ya no puedo permitir que los años que me sobran sean consumidos por tu ambición de enmedar tardíamente los errores. Concentra, cómo lo has hecho estos últimos meses, esa energía en algo que quizas repare, ya no en mí.
Olvida que existí; en esta vida la pasión de mis logros logrará reflejar con ambición el empeño en tus errores, que yo repararé en mi propio esbozo.
Perdona que mentí, cuando dije que aqui estaría; yo incontablemente olvidé las veces que ese asiento vacío aparecía a mi lado.
Esto, ahora, es para tí mi deseo; el primero de mucho que pareces querer conceder; el último de ninguno que ahora quiero que jures. Las alas que me concebiste desde que te vi por primera vez, fluirán en el tiempo y las dejarás huir, con ellas no se llevarán rencores ni lástimas. Sólo una nueva oportunidad de comenzar de nuevo.
Sí, eso es lo que quiero; Libertad.
No, no quiero esto que me ofreces, una soledad que carece de garantía. Cualquier instante invadido por ella y al siguiente se va, y tu regresas; no puedo simplemente manejar tal inestabilidad invisible que me acongoja siempre que mantengo la esperanza de que esta vez sí te quedarás. Prefiero acostumbrarme al lugar vacio que antes ocupabas.
Me has atado a tu paternidad recientemente inestable, abandonada, y un poco irreal; tus ámbitos fueron cambiando de rumbo y perdiste las palabras para mí, para él. Hablo, ahora que puedo, por mí cuando te miro con estos ojos que no quieren quedarse un instante más.
Tendrás miedo de que encuentre una libertad recomfortante lejos de ti y de esta retorcida situación, quizas lo haga; ya no puedo permitir que los años que me sobran sean consumidos por tu ambición de enmedar tardíamente los errores. Concentra, cómo lo has hecho estos últimos meses, esa energía en algo que quizas repare, ya no en mí.
Olvida que existí; en esta vida la pasión de mis logros logrará reflejar con ambición el empeño en tus errores, que yo repararé en mi propio esbozo.
Perdona que mentí, cuando dije que aqui estaría; yo incontablemente olvidé las veces que ese asiento vacío aparecía a mi lado.
Esto, ahora, es para tí mi deseo; el primero de mucho que pareces querer conceder; el último de ninguno que ahora quiero que jures. Las alas que me concebiste desde que te vi por primera vez, fluirán en el tiempo y las dejarás huir, con ellas no se llevarán rencores ni lástimas. Sólo una nueva oportunidad de comenzar de nuevo.
Sí, eso es lo que quiero; Libertad.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Espera sólo un rato
Diez segundos se te puedan pasar volando sin siquiera notarlos. ¿Qué es tan sólo una porción de vida dada por hecho? Con reloj en mano, contando cada respiro, cada momento; alguna vez fijarse en la simpleza de una mirada, un roce, una caricia, un segundo, un momento.
¿Qué tiene el tiempo que lo hace tan importante? Si tan sólo pudieramos borrar el paso de la vida, estoy segura de que ni percatados estaríamos, tomando a la calma una sonrisa que ya hace falta que le demos el valor merecido, o disfrutando un amor olvidado por falta de inercia, de costumbre.
Si tan solo pudiesemos valorar diez segundos y no dejar la noche transcurrir sin haber volteado al cielo incansablemente para alcanzar sueños en las nubes. Y pensar en la vida, por más de mil horas y vivir mientras soñamos, soñar mientras vivimos sin que el sonido de una llegada ni un silbido nos detenga y que pueda ser la eternidad entre los dedos jóvenes de esperanza.
Caminar entre lo inalcanzable, llegar cuando sea necesario y partir sin que nos detengan; entrar y salir de las vidas, como transeuntes por senderos de desamparadas almas rutinadas y sin pasión.
Que los segundos parezcan vidas, y que la vida se mida en respiros; pero que cada respido carezca de la cronometración de la rutina, ni que los sueños solo merezcan de la noche, si no que la noche persiga el anhelo hasta el amanecer.
Y que el desengaño de la vida, no nos atormente, pues cuando tenga que llegar, llegará; pero no habremos esperado en vano la llegada de un día irreparable y sin igual.
¿Qué son tan sólo diez segundos?
¿Qué tiene el tiempo que lo hace tan importante? Si tan sólo pudieramos borrar el paso de la vida, estoy segura de que ni percatados estaríamos, tomando a la calma una sonrisa que ya hace falta que le demos el valor merecido, o disfrutando un amor olvidado por falta de inercia, de costumbre.
Si tan solo pudiesemos valorar diez segundos y no dejar la noche transcurrir sin haber volteado al cielo incansablemente para alcanzar sueños en las nubes. Y pensar en la vida, por más de mil horas y vivir mientras soñamos, soñar mientras vivimos sin que el sonido de una llegada ni un silbido nos detenga y que pueda ser la eternidad entre los dedos jóvenes de esperanza.
Caminar entre lo inalcanzable, llegar cuando sea necesario y partir sin que nos detengan; entrar y salir de las vidas, como transeuntes por senderos de desamparadas almas rutinadas y sin pasión.
Que los segundos parezcan vidas, y que la vida se mida en respiros; pero que cada respido carezca de la cronometración de la rutina, ni que los sueños solo merezcan de la noche, si no que la noche persiga el anhelo hasta el amanecer.
Y que el desengaño de la vida, no nos atormente, pues cuando tenga que llegar, llegará; pero no habremos esperado en vano la llegada de un día irreparable y sin igual.
¿Qué son tan sólo diez segundos?
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