viernes, 28 de mayo de 2010

Sin embargo, aquí sigo…

Odio extrañarte, odio ver el teléfono y que tu nombre lleve meses sin aparecer en la pantalla, odio que me llames solo para pedirme un favor, odio emocionarme cuando eventualmente me marcas, odio pensar que cada mensaje es tuyo, odio tu nombre, odio tus cartas aunque sean pocas, odio tu imagen y las fotos que tenemos, odio saberme tu número de memoria cuando marco y cuelgo sin razón, odio hablar contigo, odio no escuchar de ti en varios días, odio que me abraces, odio que me hables fríamente, odio tus sonrisas, odio que no me mires a los ojos, odio que me tomes de la mano, odio que no me tomes en cuenta, odio que me llames llorando, odio que no lo hagas, odio que confíes en mí, odio que me cuentes tus secretos, odio tus besos que ya no he probado en mucho tiempo, odio recordar los buenos tiempos, odio recordarte a ti, odio que ya no te acuerdes de todo lo que vivimos, odio que me recuerdas que estuvimos juntas, odio haberte perdonado, odio que no lo recuerdes, odio que peinses que me mereces, odio demostrarte que lo haces, odio que me golpees, odio que esa sea la única forma de demostrarme cariño, odio tus caricias, odio tu cabello y los miles de colores por los que ha pasado, odio la manera en que tu olor me hipnotiza, odio lo bien que te vez con el cabello suelto, odio tu estúpido perfume, odio que no puedas decirme cumplidos, odio cuando me llamas amor sin razón, odio que no sabes decir gracias, odio que aún así sigo diciéndote palabras lindas, odio tu falta de modestia, odio que todo lo que te digo sea cierto, odio pensar que eres hermosa, odio que no sepas que me encantas, odio que pienses que aún tienes cierto efecto en mi, odio que me encanten tus piernas, odio que disfrutes enseñarme tu cuerpo sin pudor, odio que cada canción me recuerde a ti, odio que ninguna de nuestras canciones me haga pasar por tu cabeza, odio escribir para ti, odio saber que nunca lo leerás, odio desperdiciar mis noches contigo en la cabeza, odio saber que tus noches libres de mi están, odio saberte tan cerca y quererte tan lejos, odio tenerte a mi lado y no querer ni mirarte, odio que me digas que me amas, odio no saber cuándo lo dices enserio, odio que me ames, odio que no me odies, odio amarte, odio no poder tener ni siquiera un sentimiento cercano al odio por ti, odio tener que decirte adiós, odio saber que no notarás mi ausencia, odio tener que soportar un mes más de tu presencia, odio que me vayas a extrañar, odio extrañarte, odiaría que lloraras cuando me fuera, odiaría que me buscaras, odiaría no volverte a ver.

Sin embargo...

domingo, 16 de mayo de 2010

Caminos alternos…

He terminado la preparatoria y estoy varada en una clase de limbo entre olvidar o permanecer en un lugar que me atará de por vida. Si quiero salir de aquí, ahora es el momento de correr. Pero tú, maldito seas tú que me miras para que me quede y la sonrisa inmolada en tu mirada cautiva a mis pies a no moverse. Propones olvidarme si me voy, por supuesto sabes que sólo así permaneceré a tu lado. Tanto que dejaría ir de mis memorias si cambio mis rumbos y curarían ciertas heridas que tan solo puntadas de distancia podrían cerrar; sin embargo el viaje ocasionaría nuevos dolores de tu fértil ausencia. Si me pides que me quede, quizás lo haga, tan sólo por quedarnos inmóviles en el inútil tiempo con una mirada, que me diga que tus brazos no me dejarán ir por algo más que un amor sutil, algo más que banal. Dime que cuando tu acorralado latido se precipita es por mis manos en tu rostro y mi oído en tu pecho, y que tu respiración agitada sobre mi pelo es por el reconfortante silencio en tu casa cuando estamos solos. Solo así desempacaría mi vida para irme, y ataría mis promesas a la tierra de la que siempre quise huir; luego tú.

Quedarme por ti sería lo más estúpido que pudiese hacer, pero si lo hago quizás ahora me creas cuando te diga que estoy enamorada y nunca dejé de estarlo…

jueves, 25 de marzo de 2010

Cenizas en Ticumán

Descendientes de cielos áridos, grises. Quietas palmeras condecendientes al silencio de las ramas rozando con el aire. Un viaje en carretera de colinas y cableados de luz; cálido el viento sobre el ventanal del automóvil advertiente de paz y rayos de luz acompañados de compases con el viento.
Naturalmente atravesamos colosales pastizales de soledad por caminos de la misma índole; nos cruzabamos con cuerpos marinos diminutos que bastaba con tan sólo atravesar un puente para perderlos de vista. Todo el trayecto vimos del cielo caer, a diferencia del agua, de una manera sutil y oscilatoria lluvia de cenizas, alrededor de los árboles y el negro asfalto.
Mi padre, cómo siempre, comenzó a contarme la historia del lugar; mencionó que cañaverales rodeaban la zona y que de ahí surgían las cenizas, pero no le creí.
Logré comprender lo que esta lluvia de carbón significaba, un montón de sueños destrozados que se escapan de las manos. Por que cuando uno más lo anhela, ese sueño es arrebatado por azares de la vida y jamás lo vuelve a encontrar. Son esos sueños, que ofuscados por los días llegan sólo restos a lugares tan desolados como Ticumán.

domingo, 21 de marzo de 2010

Con aires de Revolución

Eran las 6 de la mañana cuando tomamos el transporte colectivo hacia la capital. Llevaba puesta una playera con mi ídolo favorito en la parte frontal y un morral con la bandera bordada de un país liberado. Voy contemplando por el vidrio, las carreteras de mi ciudad, contemplando el sol madrugador que retumba en las colinas verdes de mi México. Al llegar a la ciudad, se sienten aires completamente diferentes, aires a gritos de súplica que son ignorados día con día.
Hemos llegado más temprano de la cita en el centro de la ciudad, y hemos decidido pasar a desayunar en un café bastante acogedor adyacente al lugar. Mi padre y mi abuela piden lo mismo, mientras que yo me conformo con un jugo de naranja, un pan ligeramente tostado inmerso en mantequilla y una alta dosis de café.
Observo a mi alrededor y me percato del tipo de gente que va entrando al café en donde mi abuela, mi papá y yo nos encontramos platicando sobre cine mexicano. Toda la multitud busca una respuesta, una esperanza de que el día de hoy tenga un nuevo significado en la historia de este país abandonado.
Llega la hora y caminamos por la avenida con el nombre del héroe del que hoy celebramos nacimiento. El color de mi país se va notando mientras más recorro estas calles, y el ambiente se va sintiendo con las fotos del Ché y de Zapata que tapizan en piso, o las banderas de liberación que se ondean por los aires y la música huasteca que habla de la siguiente revolución.
Mientras escucho las palabras quebradas de un pueblo enfurecido, de tanta injusticia, inseguridad, promesas rotas, esperanza muerta; puedo contemplar que las jacarandas encima de mí aún tienen sus ramas frondosas de ese follaje lila que tanto se aprecia en días soleados y que cuando caen tapizan las calles de un aroma tremendamente intenso y delicioso.
Quizas fue la mezcla de inconformidad, movilización, frustración y esas jacarandas, fue lo que me dio un poco de fe en que podría salvar a mi país. Con mi voz, ya se escuchaba con la ayuda de los demás que querían decir lo mismo, pero con miedo como yo a no ser escuchados.
Al fin encontré lo que vine a hacer, y que mi nacionalismo exacervado tenga un motivo y una destinación, junto a la lucha y la revolución.
De regreso a casa noté el anaranjado sol sobre las colinas, sabiendo que un día regresaría para quedarme.

jueves, 11 de marzo de 2010

Secreto a voces

Quién te ha dicho que me quiero ir de aqui?
Me tengo que ir, tengo que partir con tan sólo un morral lleno de memorias y pies cansados por el mundo, esas canciones vacías tan solo quedarán en los labios de un mudo, saboreando el sabor de sus dolores con ganas de sentir una felicidad siempre inconcebible, siempre tan inalcanzable por azares del destino.
No sé si regresaré, aunque extrañe el sabor de mi tierra y sus colores; aunque el camino me pida a gritos que de la vuelta, pensaré en ensordecer hasta no escuchar más sus súplicas. No tendré motivo ni razón para volver si tú no estás, por eso vete, que si regreso no pretendo encontrarte jamás.
Tengo un secreto, el secreto de una vacía vida sin ti, pero no me pesa; mas bien me libera, no tener que guardar ese secreto nunca más pue algún día esta historia llegará a tus manos; y yo ya a kilómetros de distancia, es ahi cuando no podrás preguntar ¿por qué?
Hoy me voy sin un adiós, pues eso me carrompería hasta quedarme hasta tu lado, hoy huyo como un ladrón de tus besos, pues he asaltado más de lo que me gustaría conservar; recuerdos.
Este día tengo uno de esos secretos que le pido al viento protega y sin embargo los lleva a tus manos, esos que inevitablemente se descubren.

domingo, 21 de febrero de 2010

???

¿Qué hacer cuando la corriente de mis versos van contra la marea?
Si las palabras se hunden en un intento por llegar a tus costas,
para decir lo inexpresable, la mitad de mis líneas se vencen en la inmensidad
te he prometido la eternidad en un silencio irrecuperable al fondo del mar.

viernes, 5 de febrero de 2010

Goodnight Boston, goodbye.

Era el último día en la ciudad; lugares nuevos que desconocían mis pies. No podía creer que el tiempo pasara tan repentino. Cansada de la compañía, salí de la habitación con tan solo un cigarro a la mano, ni siquiera reparé el en hecho de que mi vestimenta era compeltamente inapropiada para el clima que me esperaba fuera de las puertas del hotel.
Caminé hasta la zona de fumadores con un viento penetrante sobre el cuerpo, no recuerdo haber sentido frío más allá de unos cuantos minutos. Me senté, solitaria, en una banca a encender el tabaco, observando a la gente ir y venir; todos despidiendose, promesas quizas vacías de reencontrarse alguna vez. Abrazos que durarán impregnados en la memoria toda una vida, adioses infinitos y sonrisas inquebrantables.
Con la melodía de fondo, percaté mi reflejo en los mosaicos frente a mi; intenté entrar en su mente, por sus ojos. Fue tan complejo descifrar esa mirada perdida, tan acongojada de una vida muy vivida, de un alma cansada en cuerpo jóven y fresco. Fue difícil entender el nerviosismo en los dedos, la calumnia en una sonrisa, movimientos ajenos al cuerpo que yo creía poseer. Instantes después percaté que mi cigarro se había consumido por el tiempo; todo pareció recobrar la cordura.
Me puse de pie para notar que la vida seguía ahi, gente yendo y viniendo, yo me percaté más tranquila después de haber concluido con el vicio, la imagen de mi parecía menos ajena. Retomé la realidad olvidada y comencé a sentir frío, decidí que era tiempo de regresar al hotel, entrar a mi habitación y comenzar a empacar.